Ojos azules detrás de un mostrador me atenderán en unos minutos.
Me pregunto si esos ojos tienen detrás todo lo que yo creo.
Realmente es bastante lindo, estoy nerviosa.
Que absurdo. Si no lo conozco. ¿Por qué no acaba ya este hombre? Está tardando mucho. Bueno al fin y al cabo tiene su derecho a preguntar y salir de aquí sin duda alguna.
Mejor que no se dé prisa. Voy a tartamudear.
Podría invitarlo a un café. Así fue como conocí a mi primer novio hace veinte años… Voy a sentarme, creo que será mejor. Así puedo dejar de mirarlo porque me va a decir que estoy siendo grosera.
Disimulo y me hago la interesante.
Uffff…. me toca.
Me acerco.
Vaya… no podría haber venido más guapa hoy. Voy vestida del montón, de un día «para qué habré salido de la cama»… – Hola… – Hola… Le explico. Me escucha activamente. Que bonito es… ¡¡¡Qué ojazos!!! No me estoy enterando de nada. ¿Es que puedo dejar de navegar por esos ojos?
Bobamente digo que sí a todo, sin comprender la mitad, o más, de lo que ha dicho.
Me acompaña… Que pena solo es un piso. ¿¿¿Acompañará a todos??? Ayyy…. me acaba de rozar el codo.
Me tienen que dar este trabajo.
Bajo…

Y al salir…

Me para… ¡¡¡¡uf…. emoción!!!! Se me va a salir el corazón… Me pregunta qué tal y le dejo claro que volveré el viernes.
Pasan los días…

…..